Alberto Vázquez. UNPSJB – IGEOPAT – GIGAT publicado en: https://www.elextremosur.com/nota/25220-aislamientos-y-alejamientos-una-mirada-de-lo-rural-motivada-por-el-aislamiento-social-por-covid-19/

En esta coyuntura de pandemia y Aislamiento Social se difundieron hechos de la vida cotidiana en espacios rurales que generaron un contexto apropiado para compartir una mirada geográfica de lo rural.

Cada uno de esos hechos difundidos a través de la prensa y las redes sociales, mostró un costado positivo o un costado negativo del alejamiento geográfico ante el avance del COVID-19 y en el contexto de Aislamiento Social. Y en su conjunto mostraron modos culturalmente diferentes y socialmente desiguales de vivenciar o experimentar los espacios rurales alejados de los centros urbanos.

Este ensayo se organiza en dos partes: en la primera, nos referimos a algunas consecuencias sociales, negativas y positivas, del aislamiento y el alejamiento geográfico y, en la segunda, focalizamos en esos modos de vivenciar o experimentar lo rural, en tiempos de «normalidad» y en esta coyuntura de pandemia y Aislamiento Social.

Antes de presentar «lo malo» y «lo bueno» del aislamiento y el alejamiento geográfico y como opera ante el avance del COVID-19, es necesario precisar qué entendemos por aislamiento y alejamiento y qué tipos estamos considerando.

El término aislamiento en sentido amplio se emplea para hacer referencia a una situación de baja o nula accesibilidad. Sin embargo, en este texto se utiliza con un sentido más estricto para hacer referencia a situaciones en que el acceso es impedido por la presencia de obstáculos naturales o antrópicos, es decir, desde la presencia de un obstáculo físico de origen natural hasta obstáculos físicos o normativos creados por las personas o las sociedades. Por lo tanto, se incorpora el concepto alejamiento para hacer referencia a situaciones en que la baja accesibilidad está dada por el factor distancia.

Podemos distinguir diferentes tipos de aislamientos y alejamientos en función de los protagonistas de esa relación mediada por la baja o nula accesibilidad: el aislamiento o alejamiento físico-espacial, el físico-humano y otros alejamientos asociados a «distancias sociales y afectivas» (Frémont, 1974) que en este caso no vamos a conceptualizar.

El aislamiento o alejamiento físico-espacial refiere a la relación de nula o baja accesibilidad entre puestos, parajes, pueblos, ciudades y otras formas geográficas y, en su uso académico o aplicado a la planificación territorial, refiere a la baja accesibilidad de la población de un espacio rural o una pequeña ciudad a los centros urbanos que concentran actividades comerciales y servicios.

Por su parte, el aislamiento físico-humano es el aislamiento que impide o limita el contacto «cara a cara» entre personas y puede suceder en diferentes escalas espaciales, en escalas regionales como las del tipo anterior pero también en un espacio local e incluso hacia el interior de una vivienda. Si bien este aislamiento o alejamiento tiene un componente espacial y territorial y más allá de las escalas también es de índole geográfica, sólo llamaremos geográfico al anterior, al físico-espacial.

Entre «lo malo» y «lo bueno» del aislamiento y el alejamiento geográfico

Como es sabido, el aislamiento o alejamiento en relación a centros urbanos tiene consecuencias negativas en materia de acceso a bienes y servicios esenciales.

Estas consecuencias son tan evidentes como preocupantes en territorios donde los servicios sanitarios se concentran en unas pocas ciudades, porque a los obstáculos económicos y culturales que pueden entorpecer el acceso de los habitantes de la propia ciudad, se suman obstáculos físicos que pueden impedir o en el mejor de los casos demorar, el acceso de pobladores que viven a decenas o centenas de kilómetros de distancia y/o en condiciones de aislamiento.

Sin embargo, así como el alejamientoy el aislamiento geográfico tienen efectos negativos, también tienen efectos positivos.

En esta coyuntura tomó relevancia la ventaja que ofrecen ante el avance de una epidemia, al impedir la interacción humana y en consecuencia el contagio. El geógrafo Paul Claval (2002) se refirió a esta ventaja del aislamiento o alejamiento geográfico:

«…Mientras que la medicina luchaba mal contra las epidemias, si se quería escapar de una muerte precoz, lo mejor era vivir en un valle de montaña aislado y no en un gran puerto» (Claval, 2002, p.29).

La afirmación de Claval refiere a momentos históricos en que los medios de transporte marítimo y fluvial monopolizaban el transporte de larga distancia y los puertos eran únicos nodos vitales de la conexión internacional. Como se ha observado en los últimos meses, debido a la evolución del transporte terrestre, la revolución que produjo el desarrollo de la aviación comercial, el crecimiento exponencial de los desplazamientos humanos y la multiplicación de los destinos de esos desplazamientos, hoy las condiciones son otras.

No obstante el cambio en las tecnologías y modalidades de transporte y en el comportamiento humano, ante el avance del COVID-19 esta ventaja sanitaria de estar aislado o alejado de los sitios de mayor circulación y concentración de personas vuelve a estar en el centro de la escena.

Más allá de esta ventaja del aislamiento o el alejamiento en la coyuntura, existen otras bondades de esa condición. Algunas implicancias positivas en lo cotidiano fueron expresadas con claridad por Margarita, una habitante rural del sudoeste de Chubut entrevistada en 2019:

«Mucha gente dice huy como vivís vos, pero no me contagio de enfermedades, vivo rodeada de naturaleza sin contaminar y estoy lejos de todos los problemas. La gente de El Chalía conoce lo que le pasan en la radio y nada más, y si quiere escuchar…» (Margarita, mayo de 2019).

Otras, han sido estudiadas desde las Ciencias Sociales: algunos autores valoran el aporte del aislamiento o el alejamiento a la diversidad cultural, al propiciar el origen de tradiciones, técnicas, dialectos y nuevas lenguas, y también al contribuir con su preservación; otros autores, destacan su aporte a la conservación de la naturaleza y la soberanía sobre recursos naturales (Núñez y otros, 2010; Gonçalves, 2015), y; otros, observan que el asilamiento o alejamiento puede favorecer la construcción de capital social, al propiciar el desarrollo de relaciones de vecindad y cooperación (Durston, 2000; Vazquez, 2017).

Aislamientos y alejamientos en espacios rurales

Como se adelantó en la introducción, los hechos difundidos mostraron modos diferentes y desiguales de vivenciar o experimentar espacios aislados o alejados de los centros urbanos.

Por un lado, un modo propio de pobladores rurales que habitan en el campo, el paraje o el pueblo y se desplazan a la ciudad ocasionalmente («por necesidad») o con cierta regularidad si las distancias son menores, disponen de medios de transporte y pueden afrontar los gastos. Pobladores rurales que experimentan «lo malo» y «lo bueno» de la vida alejada de la ciudad, de lo que tiene y lo que representa, tanto en tiempos de «normalidad» como en esta coyuntura de pandemia y Aislamiento Social. Tal es así que los hechos difundidos mostraron habitantes rurales al margen del peligro de contagio y libres de preocupaciones por su condición de lejanía o incluso por desconocer la existencia del COVID-19 y también habitantes con dificultades para acceder a servicios sanitarios o de educación, a medicamentos y otros bienes esenciales.

El Aislamiento Social no produjo cambios en las prácticas que se desarrollan en el campo, porque los establecimientos rurales (estancias, puestos y formas comunitarias) ocupados, generalmente son habitados por un número reducido de personas, la extensión de los predios limita el contacto con «los vecinos» y, en algunos sectores, las relaciones sociales se debilitaron por el éxodo rural y los procesos de fragmentación social. Pero sí alteró la vida cotidiana en los asentamientos de población rural agrupada (pequeñas localidades) e impactó sobre las prácticas espaciales que relacionan a los habitantes rurales con otros espacios.

Los pobladores rurales dependen de su movilidad o de la movilidad de otros (familiares, distribuidores de mercaderías, mercachifles, profesores y médicos o enfermeros itinerantes, trabajadores en salud comunitaria, entre otros) para acceder a bienes y servicios. Por lo tanto, a las dificultades en el acceso originadas por el cierre de comercios y la suspensión de algunas prestaciones se suman las dificultades originadas por las restricciones a la movilidad. Con el agravante que para muchos habitantes del campo la comunicación «cara a cara» es la única manera de comunicar y, en consecuencia, la manera de avisar, consultar, reprogramar, etc. Estas complicaciones en el acceso a bienes y servicios, son mayores en el caso de aquellos pobladores de zonas de frontera que acceden a bienes o prestaciones en localidades de otra provincia o incluso de otro país.

Típica escena de la movilidad y el abastecimiento de un habitante rural patagónico

A través de la prensa y las redes sociales se difundieron situaciones que muestran esas dificultades de los habitantes rurales y, al mismo tiempo, estrategias individuales, comunitarias o estatales que surgen o se consolidan en esta coyuntura y buscan reducir el impacto social. Nos mostraron estudiantes arriba de un cerro buscando señal de celular para recibir o enviar tareas, profesores acercando materiales a las tranqueras de sus estudiantes, empleados públicos distribuyendo provisiones en el pueblo o el campo, asistentes sociales que recolectan recetas en el pueblo y viajan a comprar los medicamentos y otras estrategias de acceso. Estrategias que seguramente son insuficientes pero vale destacar.

Cabe agregar que en algunos sectores están ingresando en una fase de mayor aislamiento geográfico. El rigor invernal se empieza a sentir en zonas altas y para los habitantes rurales supondrá el ingreso a una etapa de mayor inmovilidad, con prácticas espaciales ancladas en su lugar, el campo o el pueblo. Los pobladores son conscientes de las dificultades que llegan con esta estación y en los meses previos tratan de acceder a prestaciones y acumular alimentos, leña y otros bienes necesarios para «pasar el invierno». Pero este año, debido a las dificultades de acceso en el contexto del Aislamiento Social, seguramente es mayor el número de pobladores que están ingresando a la etapa invernal sin la preparación necesaria.

Otros hechos de la vida cotidiana que involucraron espacios rurales muestran que existen otros modos de experimentar lo rural, a través de visitas ocasionales y estadías breves (de fin de semana o más prolongadas, incluso estacionales). Se trata de modos propios de habitantes de origen urbano que en la coyuntura de pandemia se desplazaron a los espacios rurales o lo intentaron. Habitantes urbanos que pertenecen a familias vinculadas al campo o compraron tierras en las últimas décadas, probablemente con intenciones económicas pero también buscando el contacto con «lo natural», «lo puro» y el alejamiento físico de la ciudad. Y que gracias a su capacidad económica disponen de objetos y servicios (internet y teléfono satelital, camionetas 4×4, helicópteros, avionetas o hasta servicios de vuelos privados) que permiten experimentar espacios rurales ubicados a cientos o miles de kilómetros de su ciudad con un uso similar al que se le puede dar a un parque urbano o a sectores del peri-urbano.

Los hechos mostraron que estos modos de experimentar lo rural son en definitiva modos de vivenciar «lo bueno» del alejamiento geográfico, sin vivenciar «lo malo» del alejamiento o el aislamiento en materia de acceso a bienes y servicios esenciales.

En síntesis, los hechos difundidos en relación a los modos de habitar o experimentar lo rural muestran cómo operan las diferencias culturales y las desigualdades sociales en la coyuntura. Diferencias y desigualdades que en las últimas décadas se han profundizado por la evolución de los procesos de éxodo rural, la valorización de las tierras rurales para nuevas funciones, el arribo de actores urbanos que ante el desarrollo del transporte y la comunicación tienen mayores posibilidades de experimentar y/o controlar múltiples territorios a través de la movilidad o desde lugares lejanos (Haesbaert, 2013), el acaparamiento de tierras rurales y otros procesos que están activos en los espacios rurales de la periferia.

* Este ensayo recupera discusiones que se han dado en el marco del proyecto de investigación «Estrategias y dispositivos comunitarios y estatales en procesos de desarrollo territorial de pequeñas localidades y zonas rurales dispersas del sudoeste de la provincia de Chubut» (dirigido por Juan Manuel Diez Tetamanti) y el programa de investigación «Transformaciones Territoriales en la Patagonia Central. Destinos de los espacios: análisis, discursos y prácticas» (dirigido por Myriam González). Junto a docentes investigadores y estudiantes del Departamento de Geografía de la UNPSJB, el Grupo de Investigación Geografía, Acción y Territorio (GIGAT), el Laboratorio de SIG y Teledetección y el Instituto de Investigaciones Geográficas de la Patagonia (IGEOPAT).

Referencias bibliográficas

Claval, P. (2002). El enfoque cultural y las concepciones geográficas del espacio. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 34, 21-39.

Durston, J. W. (2000). ¿Qué es el capital social comunitario? Santiago de Chile: CEPAL.

Frémont, A. (1974). Recherches sur l’espacevécu. Espacegéographique, 3 (3), 231-238.

Gonçalves, C. W. P. (2015). Amazônia enquanto acumulação desigual de tempos: Uma contribuição para a ecologia política da região. Revista Crítica de Ciências Sociais, 107, 63-90.

Haesbaert, Rogerio (2013). Del mito de la desterritorialización a la multiterritorialidad. Revista Cultura y RepresentacionesSociales, 15, pp 9-42.

Núñez, A., Arenas, F., Brigand, L., Escobar, H., Peuziat, I. y Salazar, A. (2010). Territorialización del aislamiento geográfico: criterio ambiental para una nueva representación territorial en la Región de Aysén. Revista de Historia y Geografía, 24, 47-66.

Vazquez, A. D. (2017). Lógicas espaciales campesinas en la estepa patagónica. Magallania, 45 (2), 273-298.

Villalobos, J. (2020). Un reencuentro inesperado en medio del campo, en tiempos de cuarentena. Diario Río Negro, 31 de mayo de 2020, disponible en https://www.rionegro.com.ar/un-reencuentro-inesperado-en-medio-del-campo-en-tiempos-de-cuarentena-1381397/

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